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lunes, 9 de julio de 2012

¿Qué enseña la Biblia acerca de la Trinidad?

Lo más difícil acerca del concepto cristiano de la Trinidad, es que no hay manera de explicarlo de forma apropiada. Para cualquier ser humano, la Trinidad es un concepto imposible de entender por completo; de hecho, sería imposible explicarlo. Dios es infinitamente más grande de lo que somos nosotros, por tanto no deberíamos esperar estar en capacidad de entenderlo por completo. La Biblia enseña que el Padre es Dios, que Jesús es Dios, y que el Espíritu Santo es Dios. También enseña que hay solamente un Dios. Aunque podemos entender algunos hechos acerca de la relación una con otra, de las diferentes personas de la Trinidad, a la larga, es incomprensible para la mente humana. Sin embargo, esto no significa que no es verdad o que no está basado en las enseñanzas de la Biblia.

Al estudiar este tema, tenga en mente que la palabra “Trinidad” no se utiliza en la Escritura. Este es un término utilizado para procurar describir al trino Dios, y la realidad de que hay tres personas coexistentes, coeternas de las que Dios se conforma. Entienda que de NINGUNA MANERA está sugiriendo tres Dioses. La Trinidad es un Dios compuesto de tres personas. No hay nada de malo con usar el término “Trinidad”, aún cuando la palabra no se encuentra en la Biblia. Es más corto utilizar la palabra “Trinidad” que decir “3 personas coexistentes, coeternas que conforman un Dios”. Si esto representa un problema para usted, considere esto: la palabra abuelo tampoco es utilizada en la Biblia. Abraham fue el abuelo de Jacob. De manera que, no se obsesione con el término mismo “Trinidad”. Lo que en realidad debe importar, es que el concepto REPRESENTADO por la palabra “Trinidad” existe en la Escritura. Además de esta introducción, presentaremos versículos bíblicos en la discusión de la Trinidad.

(1) Hay un Dios: Deuteronomio 6:4; 1ª Corintios 8:4; Gálatas 3:20; 1ª Timoteo 2:5.

(2) La Trinidad está compuesta de tres Personas: Génesis 1:1; 1:26; 3:22; 11:7; Isaías 6:8; 48:16; 61:1; Mateo 3:16-17; 28:19; 2ª Corintios 13:14. Es provechoso el conocimiento del idioma Hebreo, para el mejor entendimiento de los pasajes del Antiguo Testamento. En Génesis 1:1, se utiliza el nombre plural “Elohim”. En Génesis 1:26; 3:22; 11:7 y en Isaías 6:8, se usa el pronombre plural para “nosotros”. Sin duda, “Elohim” y “Nosotros” se refieren a más de dos. En el idioma Español tenemos dos formas, singular y plural. En el idioma Hebreo tenemos tres formas: singular, doble y plural. Doble es SOLAMENTE para dos. En Hebreo, la forma doble es utilizada para cosas que vienen en pares como los ojos, orejas y manos. La palabra “Elohim” y el pronombre “nosotros” son formas plurales – definitivamente más que dos – y deben estarse refiriendo a tres o más (Padre, Hijo, y Espíritu Santo).

En Isaías 48:16 y 61:1, el Hijo está hablando mientras hace referencia al Padre y al Espíritu Santo. Compare Isaías 61:1 con Lucas 4:14-19 y se dará cuenta de que es el Hijo hablando. Mateo 3:16-17 describe el evento del bautismo de Jesús. En este se ve a Dios el Espíritu Santo descendiendo sobre Dios el Hijo mientras Dios el Padre proclama Su complacencia en el Hijo. Mateo 28:19 y 2ª Corintios 13:14 son ejemplos de 3 personas distintas en la Trinidad.

(3) Los miembros de la Trinidad se distinguen el uno del otro en varios pasajes: En el Antiguo Testamento, “JEHOVA” se distingue de “Jehová” (Génesis 19:24; Oseas 1:4). “JEHOVA” tiene un “Hijo” (Salmos 2:7, 12; Proverbios 30:2-4). El Espíritu se distingue de “JEHOVA” (Números 27:18) y de “Dios” (Salmos 51:10-12). Dios el Hijo se distingue de Dios el Padre (Salmos 45:6-7; Hebreos 1:8-9). En el Nuevo Testamento, Juan 14:16-17 es donde Jesús ruega al Padre que envíe un Consolador, el Espíritu Santo. Esto muestra que Jesús no se consideró el Padre o el Espíritu Santo. Tome en cuenta también todos los otros tiempos en los Evangelios, en donde Jesús habla al Padre. ¿Estaba hablándose a Sí mismo? No. El habló a otra persona de la Trinidad – al Padre.

(4) Cada miembro de la Trinidad es Dios: El Padre es Dios: Juan 6:27; Romanos 1:7; 1ª Pedro 1:2. El Hijo es Dios: Juan 1:1, 14; Romanos 9:5; Colosenses 2:9; Hebreos 1:8; 1ª Juan 5:20. El Espíritu Santo es Dios: Hechos 5:3-4; 1ª Corintios 3:16; Romanos 8:9; Juan 14:16-17; Hechos 2:1-4).

(5) La subordinación dentro de la Trinidad: La Escritura muestra que el Espíritu Santo es subordinado al Padre y al Hijo, y el Hijo es subordinado al Padre. Esta es una relación interna, y no niega la deidad de ninguna persona de la Trinidad. Esta es simplemente un área en el cual nuestras mentes finitas no pueden entender lo concerniente al Dios infinito. Concerniente al Hijo veamos: Lucas 22:42; Juan 5:36; Juan 20:21; 1ª Juan 4:14. Concerniente al Espíritu Santo veamos: Juan 14:16; 14:26; 15:26; 16:7 y especialmente Juan 16:13-14.

(6) Las labores de los miembros individuales de la Trinidad: El Padre es el recurso o causa esencial de: 1) el universo (1ª Corintios 8:6; Apocalipsis 4:11); 2) la revelación divina (Apocalipsis 1:1); 3) la salvación (Juan 3:16-17); y 4) las obras humanas de Jesús (Juan 5:17; 14:10). El Padre PONE EN MARCHA todas estas cosas.

El Hijo es el agente a través de quien el Padre hace las siguientes obras: 1) la creación y mantenimiento del universo (1ª Corintios 8:6; Juan 1:3; Colosenses 1:16-17); 2) la revelación divina (Juan 1:1; Mateo 11:27; Juan 16:12-15; Apocalipsis 1:1); y 3) la salvación (2ª Corintios 5:19; Mateo 1:21; Juan 4:42). El Padre hace todas estas cosas a través del Hijo, quien hace las veces de Su agente.

El Espíritu Santo es el medio por el cual el Padre hace las siguientes obras: 1) la creación y mantenimiento del universo (Génesis 1:2; Job 26:13; Salmos 104:30); 2) la revelación divina (Juan 16:12-15; Efesios 3:5; 2ª Pedro 1:21); 3) la salvación (Juan 3:16; Tito 3:5; 1ª Pedro 1:2); y 4) las obras de Jesús (Isaías 61:1; Hechos 10:38). De este modo el Padre hace todas estas cosas por el poder del Espíritu Santo.

Ninguna de las ilustraciones populares son descripciones completamente exactas de la Trinidad. El huevo (o manzana) cae en que la cáscara, clara, y yema son partes del huevo, no del huevo en ellas mismas. El Padre, Hijo y Espíritu Santo no son partes de Dios, cada uno de ellos es Dios. La ilustración del agua hasta cierto punto es mejor, pero todavía falla en describir adecuadamente a la Trinidad. El líquido, el vapor y el hielo, son formas del agua. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son formas de Dios, cada uno de ellos es Dios. De manera que, mientras estas ilustraciones puedan darnos una representación de la Trinidad, la representación no es completamente certera. Un Dios infinito no puede ser descrito completamente, por una ilustración finita. En lugar de enfocarse en la Trinidad, trate de enfocarse en el hecho de la grandeza de Dios y en la naturaleza infinitamente superior a nosotros mismos. “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?” (Romanos 11:33-34).

¿Deberían las mujeres servir como pastoras / predicadoras?

Posiblemente no hay un tema más discutido en la iglesia de hoy, que el tema de las mujeres que sirven como pastoras / predicadoras en el ministerio. Por consiguiente, es muy importante no mirar este tema como hombres versus mujeres. Hay mujeres que creen que las mujeres no deberían servir como pastoras y que la Biblia coloca restricciones en el ministerio de las mujeres – y hay hombres que creen que las mujeres pueden servir como predicadoras y que no hay restricciones sobre las mujeres en el ministerio. Este no es un asunto de chauvinismo o discriminación. Es un asunto de interpretación bíblica.

1ª Timoteo 2:11-12 proclama, “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”. En la iglesia, Dios asigna diferentes roles a los hombres y a las mujeres. Este es el resultado de la manera en que la humanidad fue creada (1ª Timoteo 2:13) y la manera en la que el pecado entró en el mundo (2ª Timoteo 2:14). Dios, a través de los escritos del Apóstol Pablo, restringe a las mujeres de servir en roles de autoridad de enseñanza espiritual sobre los hombres. Esto impide a las mujeres servir como pastoras, lo cual definitivamente incluye predicar, enseñar y tener autoridad espiritual sobre los hombres.

Hay muchas “objeciones” a este punto de vista de tener a las mujeres en el ministerio / mujeres pastoras. Una objeción común es que Pablo restringe a las mujeres de enseñar porque en el siglo primero, las mujeres por regla general eran incultas. Sin embargo, en ninguna parte de 1ª Timoteo 2:11-14 menciona el nivel de instrucción. Si la educación hubiese sido un requisito para el ministerio, la mayoría de los discípulos de Jesús probablemente no habrían calificado. Una segunda objeción común era que Pablo solamente restringía enseñar a las mujeres de Éfeso (1ª Timoteo fue escrita a Timoteo, un pastor en la iglesia de Éfeso). La ciudad de Éfeso fue conocida por su templo de Artemisa, una diosa falsa griega/romana. Las mujeres eran la autoridad en la adoración de Artemisa. Sin embargo, en ningún lugar del libro de 1ª Timoteo, Pablo la menciona, tampoco menciona la adoración a Artemisa como una razón para las restricciones en 1ª Timoteo 2:11-12.

Una tercera objeción común es que Pablo solamente se está refiriendo a los esposos y las esposas, no a los hombres y a las mujeres en general. Las palabras en griego en 1ª Timoteo 2:11-14 podrían referirse a esposos y esposas. Sin embargo, el significado básico de las palabras son hombre y mujer. Adicionalmente, las mismas palabras en griego son utilizadas en los versículos 8-10. ¿Solo los esposos deben orar en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda (versículo 8)? ¿Solo las esposas deben vestirse con ropa decorosa, con pudor y modestia; tener buenas obras y adorar a Dios (versículos 9-10)? Por supuesto que no. Los versículos 8 al 10 claramente se refieren a los hombres y mujeres en general, no solamente a los esposos y a las esposas. No hay nada en el contexto que debiera indicar un cambio para esposas y esposos en los versículos 11 al 14.

Sin embargo, otra objeción frecuente a esta interpretación de mujeres pastoras / predicadoras, está tiene relación con Miriam, Débora, Hulda, Priscila, Febe, etc. – mujeres que mantuvieron posiciones de liderazgo en la Biblia. Esta objeción falla en considerar algunos factores significativos. En relación con Débora, ella fue la única jueza femenina entre 13 jueces masculinos. En relación con Hulda, fue la única profetiza femenina entre docenas de profetas masculinos mencionados en la Biblia. La única conexión de Miriam hacia el liderazgo fue por haber sido hermana de Moisés y Aarón. Las dos mujeres más prominentes en los tiempos de los reyes fueron Atalía y Jezabel – difíciles ejemplos de liderazgo femenino devoto.

En el libro de los Hechos, el capítulo 18, Priscila y Aquila son presentados como ministros fieles de Cristo. El nombre de Priscila es mencionado primero, indicando probablemente que ella era más “prominente” en el ministerio que su esposo. Sin embargo, en ninguna parte se describe a Priscila participando en una actividad de ministerio que esté en contradicción con 1ª Timoteo 2:11 al 14. Priscila y Aquila llevaron a Apolos a su hogar y fue discipulado por ellos, explicándole la Palabra de Dios con exactitud (Hechos 18:26).

En Romanos 16:1, aún si a Febe se la considera una “diaconiza” en lugar de una sierva – eso no indica que Febe fuera una maestra en la iglesia. “Apto para enseñar” es un calificativo dado para los ancianos, pero no diáconos (1ª Timoteo 3:1-13; Tito 1:6-9). Los ancianos / obispos / diáconos, son descritos como “maridos de una sola mujer”, “un hombre cuyos hijos creen”, y “hombres dignos de respeto”. Además, en 1ª Timoteo 3:1 al 13 y en Tito 1:6 al 9, los pronombres masculinos son utilizados exclusivamente para referirse a ancianos / obispos / diáconos.

La estructura de 1ª Timoteo 2:11 al 14 deja la razón perfectamente establecida. El versículo 13 comienza con “Porque” y da la “causa” de lo que Pablo declara en los versículos 11 y 12. ¿Por qué las mujeres no deberían enseñar o tener autoridad sobre los hombres? Porque – “Adán fue formado primero, luego Eva. Y Adán no fue engañado; sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión”. Esa es la razón. Dios creó a Adán primero y luego creó a Eva a fin de que fuera “ayuda idónea” para Adán. Este orden de la creación tiene una aplicación universal para la humanidad en la familia (Efesios 5:22-23) y en la iglesia. El hecho de que Eva fuera engañada también se da como una razón para que las mujeres no sirvan como pastoras o tengan autoridad espiritual sobre los hombres. Esto guía a algunos a creer que las mujeres no deberían enseñar porque son engañadas más fácilmente. Ese concepto es discutible… pero si las mujeres son engañadas más fácilmente, ¿por qué se les permitiría enseñar a los niños (quienes son fácilmente engañados) y a otras mujeres (quienes supuestamente son más fácilmente engañadas)? Eso no es lo que dice el texto. Las mujeres no deben enseñar o tener autoridad espiritual sobre los hombres porque Eva fue engañada. Como resultado, Dios ha dado a los hombres la autoridad de enseñanza principal en la iglesia.

Las mujeres superan en dones de hospitalidad, misericordia, enseñanza y ayuda. Mucho del ministerio de la iglesia depende de las mujeres. Las mujeres en la iglesia no están restringidas para oración pública o para profetizar (1ª Corintios 11:5), solamente para tener autoridad en las enseñanzas espirituales sobre los hombres. La Biblia en ninguna parte restringe a las mujeres de ejercitar los dones del Espíritu Santo (1ª Corintios capítulo 12). Así como los hombres, las mujeres, están llamadas a ministrar a otros, para mostrar el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), y para proclamar el Evangelio a los perdidos (Mateo 28:18-20; Hechos 1:8; 1ª Pedro 3:15).

Dios ha ordenado que solamente los hombres sirvan en posiciones de autoridad de enseñanza espiritual en la iglesia. Esto no es necesariamente porque son mejores maestros, o porque las mujeres son inferiores o menos inteligentes (tal no es el caso). Es simplemente la manera en que Dios designó la iglesia para que funcione. Los hombres deben ser ejemplo en el liderazgo espiritual – en sus vidas y a través de sus palabras. Las mujeres deben tomar un rol de autoridad menor. Se las anima a enseñar a otras mujeres (Tito 2:3-5). La Biblia tampoco restringe a las mujeres de enseñar a los niños. La única actividad de la que están restringidas es de enseñar o tener autoridad espiritual sobre los hombres. Esto lógicamente debería incluir a las mujeres sirviendo como pastoras / predicadoras. De ninguna manera esto las hace menos importantes, más bien les da un ministerio enfocado más de acuerdo con el talento dado por Dios.

"¿Una vez salvo, siempre salvo?"

¿Una vez que una persona es salva, es siempre salva? Cuando alguien llega a conocer a Cristo como su Salvador, es introducido en una relación con Dios que garantiza una salvación eternamente segura. Numerosos pasajes de la Escritura declaran este hecho.

(a) Romanos 8:30 declara, “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”. Este versículo nos dice que desde el momento en que Dios nos escogió, es como si fuéramos glorificados, porque Dios ya lo tiene propuesto en el cielo. No hay nada que impida al creyente ser glorificado un día, porque Dios ya lo ha propuesto en el cielo. Una vez que una persona es justificada, su salvación está garantizada – está tan seguro como si ya estuviera glorificado en el cielo.

(b) En Romanos 8:33-34, Pablo hace dos preguntas cruciales, “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”. ¿Quién va a presentar cargos contra los elegidos de Dios? Nadie, porque Cristo es nuestro abogado. ¿Quién va a condenarnos? Nadie, porque Cristo, Aquel que murió por nosotros, es el que condena. Tenemos como nuestro Salvador al abogado y al juez.

(c) Los creyentes son nacidos de nuevo (regenerados) cuando creen (Juan 3:3; Tito 3:5). Porque un cristiano tendría que ser un empedernido para que pierda su salvación. La Biblia no da evidencia de que el nuevo nacimiento pueda ser quitado.

(d) El Espíritu Santo mora en todos los creyentes (Juan 14:17; Romanos 8:9) y bautiza a los creyentes en el cuerpo de Cristo (1ª Corintios 12:13). Para que un creyente se vuelva no salvo, el Espíritu Santo “no tendría que estar morando” en él, y tendría que estar desligado del Cuerpo de Cristo.

(e) Juan 3:15 declara que todo el que cree en Jesucristo “tiene vida eterna”. Si usted cree en Cristo hoy y tiene vida eterna, pero la pierde mañana, entonces ésta del todo nunca fue “eterna”. Por lo tanto, si pierde su salvación, las promesas de la vida eterna de la Biblia serían un error.

(f) Pienso que el argumento más decisivo, se encuentra en la Escritura misma “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38-39). Recuerde que el mismo Dios que le salvó, es el mismo Dios que lo va a guardar. Una vez que somos salvos, somos siempre salvos. ¡En definitiva, nuestra salvación es eternamente segura!

Pregunta Cristiana: “¿Cuál es la diferencia entre el Arrebatamiento y la Segunda Venida?”

Respuesta: El Arrebatamiento y la Segunda Venida de Cristo con frecuencia son confundidos. A veces es difícil determinar si la Escritura se está refiriendo al Arrebatamiento o a la Segunda Venida de Jesucristo. Sin embargo, al estudiar la profecía bíblica sobre los últimos tiempos, es muy importante diferenciar entre estas dos.

El Arrebatamiento es cuando Jesucristo regrese para llevarse a Su iglesia (todos los creyentes en Cristo) de la tierra. El Arrebatamiento es descrito en 1 Tesalonicenses 4:13-18 y 1 Corintios 15:50-54. Los creyentes que hayan muerto tendrán sus cuerpos resucitados, y junto con los creyentes que aún vivan se encontrarán con el Señor en el aire. Esto ocurrirá en un momento, en un abrir y cerrar de ojos. La Segunda Venida, es cuando Jesucristo regrese para vencer al anticristo, destruir el mal, y establecer Su Reino Milenial. La Segunda Venida es descrita en Apocalipsis 19:11-16.

Las importantes diferencias entre el Arrebatamiento y la Segunda Venida son las siguientes:
(1) En el Arrebatamiento, los creyentes se encontrarán con el Señor en el aire (1 Tesalonicenses 4:17). En la Segunda Venida, los creyentes regresarán con el Señor a la tierra (Apocalipsis 19:14).
(2) La Segunda Venida ocurre después de la grande y terrible Tribulación (Apocalipsis capítulos 6-19). El Arrebatamiento ocurre antes de la Tribulación (1 Tesalonicenses 5:9; Apocalipsis 3:10).
(3) El Arrebatamiento es el traslado de los creyentes de la tierra, como un acto de liberación (1 Tesalonicenses 4:13-17; 5:9). La Segunda Venida incluye el traslado de los incrédulos como un acto de juicio (Mateo 24:40-41).
(4) El Arrebatamiento será “secreto” e instantáneo (1 Corintios 15:50-54). La Segunda Venida será visible para todos (Apocalipsis 1:7; Mateo 24:29-30).
(5) La Segunda Venida de Cristo no ocurrirá hasta después de que otros ciertos eventos del fin de los tiempos tengan lugar (2 Tesalonicenses 2:4; Mateo 24:15-30; Apocalipsis capítulos 6-18). El Arrebatamiento es inminente y puede suceder en cualquier momento (Tito 2:13; 1 Tesalonicenses 4:13-18; 1 Corintios 15:50-54).

¿Por qué es importante observar la diferencia entre el Arrebatamiento y la Segunda Venida de Cristo?

(1) Si el Arrebatamiento y la Segunda Venida fueran un mismo evento, los creyentes tendrían que pasar a través de la Tribulación (1 Tesalonicenses 5:9; Apocalipsis 3:10).
(2) Si el Arrebatamiento y la Segunda Venida fueran un mismo evento, el regreso de Cristo no es inminente…. Hay muchas cosas que deben ocurrir antes que Él pueda regresar (Mateo 24:4-30).
(3) Al describir el período de la Tribulación, los capítulos 6-19 del Apocalipsis en ninguna parte mencionan a la iglesia. Durante la Tribulación – también llamada “el tiempo de angustia para Jacob” (Jeremías 30:7) – Dios dirigirá nuevamente Su principal atención sobre Israel (Romanos 11:17-31).

El Arrebatamiento y la Segunda Venida de Jesucristo son eventos similares pero separados. Ambos son eventos del fin. Sin embargo, es de crucial importancia reconocer las diferencias. En resumen, el Arrebatamiento es el regreso de Cristo en las nubes para trasladar a todos los creyentes de la tierra antes del tiempo de la ira de Dios. La Segunda Venida es el regreso de Cristo a la tierra, para terminar la Tribulación y para vencer al anticristo y su malvado imperio mundial.

viernes, 29 de junio de 2012

¿ES CRISTIANO EL MORMONISMO?

¿Es Cristiano el Mormonismo? Esto tal vez parece ser una pregunta enigmática para muchos mormones al igual que para algunos cristianos. Los mormones dirán que ellos incluyen la Biblia en la lista de los cuatro libros que reconocen como Las Escrituras, que su creencia en Jesucristo forma parte central de su fe, y que esto está indicado por su nombre oficial, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Además, muchos cristianos han escuchado al Coro del Tabernáculo Mormón cantar himnos cristianos, y han quedado impresionados con la dedicación de los mormones en cuanto a sus reglas morales y su fuerte estructura familiar. ¿No implica esto que el mormonismo es una religión cristiana?
Para contestar esta pregunta de una manera correcta e imparcial, tendremos que comparar cuidadosamente las principales doctrinas del mormonismo con el cristianismo bíblico. Haremos esta comparación en diez áreas básicas e importantes de doctrina. 

1. La Biblia enseña y los cristianos a través de las edades han creído que hay sólo un Dios, vivo y verdadero y que aparte de Él no hay otros dioses. (Deuteronomio 6:4; Isaías 43:10,11; 44:6,8; 45:21,22; 46:9; Marcos 12:29-34).
En contraste, el mormonismo enseña que hay múltiples dioses, y que nosotros, como seres humanos, podemos llegar a ser dioses en el Reino Celestial (History of the Church, 6:306; Teachings of Spencer W. Kimball, 28, 51-53; Doctrinas de Salvación, 2:58). 

2. La Biblia enseña y los cristianos a través de las edades han creído que Dios es Espíritu (Juan 4:24; I Timoteo 6:15,16), que no es un hombre (Números 23:19; Oseas 11:9; Romanos 1:22,23), y que siempre (eternamente) ha existido como Dios -omnipotente, omnipresente y omnisciente (Salmo 90:2; 139:7-10; Isaías 44:6-8; Apoc. 19:6; Mal. 3:6).
En contraste, el mormonismo enseña que Dios el Padre fue un hombre como nosotros, y que Él progresó hasta llegar a ser un dios, y ahora tiene un cuerpo de carne y hueso. José Smith dijo, "Dios una vez fue como nosotros ahora, es un hombre glorificado, y está sentado sobre su trono allá en los cielos" (Las Enseñanzas del Profeta José Smith, 427; véase también, Doctrina y Convenios 130:22 que dice, "El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre;" también
Artículos de Fe, 46.) 

3. La Biblia enseña y los cristianos a través de las edades han creído que Jesús es Dios (Juan 1:1, 14; Romanos 9:5; Colosenses 2:9), y el Creador de todas las cosas (Juan 1:3; Colosenses 1:15-17; Hebreos 1:2). Aunque nunca ha sido menos que Dios, en el tiempo indicado puso a un lado la gloria que compartía con el Padre (Juan 17:4, 5; Filipenses 2:6-11) y fue hecho "semejante a los hombres" para lograr nuestra salvación; su encarnación se hizo realidad cuando fue concebido sobrenaturalmente por obra del Espíritu Santo, y nació de la virgen María (Mateo 1:18-23; Lucas 1:34, 35).
En contraste, el mormonismo enseña que Jesucristo es nuestro hermano mayor, y que progresó hasta llegar a ser un dios. El fue procreado en espíritu por medio del Padre Celestial y una madre celestial, y fue concebido físicamente por el Padre Celestial y una madre terrenal. La doctrina mormona afirma que Jesús y Lucifer (Satanás) son hermanos (Principios del Evangelio, 15-16). 

4. La Biblia enseña y los cristianos a través de las edades han creído que el Espíritu Santo es Dios y es omnipresente (1 Reyes 8:27; Salmo 139:7-10; Jeremías 23:24; Hechos 5:3,4).
En contraste, el mormonismo enseña que el Espíritu Santo "es un espíritu con la forma de un hombre ... el Espíritu Santo tiene forma y dimensiones. El no llena la inmensidad del espacio y no puede estar presente en todas partes al mismo tiempo, personalmente." Sólo "su poder se manifiesta en todo lugar al mismo tiempo" (Doctrinas de Salvación, 1:36, 38; también Principios del Evangelio, 34). 

5. La Biblia enseña y los cristianos a través de las edades han creído que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son Dioses distintos, sino que son Personas distintas dentro de la Deidad trina y una formando un sólo Dios. Por todo el Nuevo Testamento el Hijo y el Espíritu Santo, al igual que el Padre, son identificados individualmente como Dios, y cada uno funciona como Dios (el Hijo: Marcos 2:5-12; Juan 20:28; Filipenses 2:10,11; el Espíritu Santo: Hechos 5:3,4; 2 Corintios 3:17, 18; 13:14), pero al mismo tiempo la Biblia enseña que hay solamente un Dios (véase punto número 1).
En contraste, el Mormonismo enseña que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo "constituyen tres personajes distintos y tres Dioses" (Enseñanzas del Profeta José Smith, 460, También véase Artículos de Fe, 45).

6. La Biblia enseña y los cristianos a través de las edades han creído que la caída de Adán fue un gran mal, y que por medio de dicha caída, el pecado entró al mundo, poniendo a todo hombre bajo la condenación y la muerte. Aunque todos los hombres nacen con una naturaleza pecaminosa, serán juzgados individualmente por los pecados que cometan (Ezequiel 18:1-20; Romanos 5:12-21).
En contraste, el mormonismo enseña que "la Caída fue un paso necesario para el plan de vida y causa de grandes bendiciones para toda la humanidad." (Príncipios del Evangelio, 31; también Doctrinas de Salvación, 1:108; Libro de Mormón, 2 Nefi 2:25). 

7. La Biblia enseña y los cristianos a través de las edades han creído que somos salvos solamente por gracia, y esto es completamente aparte de cualquier obra (Efesios 2:8-9). La ley moral fue dada para que el hombre se diese cuenta de su
incapacidad total de satisfacer las demandas de un Dios justo. (Romanos 3:20; 5:20; 7:7,8; Gálatas 3:19). La ley ceremonial (los sacrificios) fue dada como símbolo de la provisión del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29; Hebreos 9:11-14; 10:1-14). No podemos contribuir nada a nuestra salvación porque aparte de Cristo estamos espiritualmente "muertos en nuestros pecados"(Efesios 2:1,5); Un resultado de la salvación es que Dios nos da un corazón nuevo que desea obedecer sus leyes. La salvación no es por fe y las buenas obras, sino que una fe que salva produce buenas obras. (Sin la evidencia de une vida cambiada, un testimonio de fe en Jesucristo es puesto en duda; el ser salvo sólo por la gracia de Dios no significa que podemos vivir como queramos - Romanos 6.)
En contraste, el mormonismo enseña que todo hombre recibirá la salvación, cosa que ellos definen como la "unión inseparable del cuerpo y el espíritu que viene como resultado de la expiación y resurrección del Salvador," (Principios del Evangelio, 346-347). Pero, para obtener suma salvación, lo que ellos llaman exaltación, que es "morar en la presencia de Dios," (Doctrinas de Salvación, 2:12) la persona "debe perseverar fielmente en guardar todos los mandamientos del Señor." (Principios del Evangelio, 285) Las obras son requisitos para poder morar en la presencia de Dios. (Tercer Artículo de Fe; Docrtrinas de Salvación, 2:5). 

8. La Biblia enseña y los cristianos a través de las edades han creído que el propósito principal de la expiación de Jesucristo es proveer la solución al problema del pecado que trae muerte a cada hombre. Tomando los pecados personales de todos los hombres - pasado, presente y futuro - en Su cuerpo en la cruz (1 Pedro 2:24), Cristo, como el Cordero de Dios sin mancha, cumplió cabalmente con las demandas de justicia divina en cuanto a nuestros pecados. De esta manera podemos ser perdonados y restaurados a la comunión con Dios (2 Corintios 5:21).
En contraste, el mormonismo enseña que por la expiación de Jesucristo "todos los hombres son redimidos de la muerte física y de la tumba..." (Doctrinas de Salvación, 1:118; Artículos de Fe, 92) De esta manera la muerte de Jesús solamente garantiza que todo hombre resucitará; algunos para exaltación y otros para condenación. 

9. La Biblia enseña y los cristianos a través de las edades han creído que la Biblia es la única, final e infalible Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16; Hebreos 1:1,2; 2 Pedro 1:20, 21) y que permanecerá para siempre (1 Pedro 1:23-25). Vemos la mano de Dios en la preservación providencial del texto de la Biblia, cosa que fue confirmada de una manera maravillosa por el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto (o Rollos de Qumram).
En contraste, el mormonismo enseña que se han perdido muchas verdades de la Biblia, que es corrupta y que no contiene la plenitud del evangelio. (Enseñanzas del Profeta José Smith, 4-5, 404; Libro de Mormón, 1 Nefi 13:26-29). 

10. La Biblia enseña y los cristianos a través de las edades han creído que la iglesia verdadera fue establecida por Jesús con su divino poder, y por esto la iglesia nunca pudo ni podrá desaparecer de la tierra (Mateo 16:18; Juan 17:11; 1 Corintios 3:11). Cristianos y evangélicos admiten que ha habido corrupción en la iglesia de vez en cuando, pero creen que siempre ha existido un remanente de personas quienes han guardado los principios del evangelio. 

En contraste, el mormonismo enseña que hubo una gran y total apostasía en la iglesia establecida por Jesucristo; este estado de apostasía continúa hasta hoy excepto entre aquellos que han llegado a un conocimiento del evangelio restaurado por la Iglesia Mormona (Doctrinas de Salvación, 3:249-273).
Conclusión: Los puntos anteriores que aparecen en letras itálicas (puestos en letra bastardilla) constituyen el evangelio comúnmente creido por todos los cristianos através de las edades, sin importar denominación alguna. Esto es distinto a otras religiones como el mormonismo, que mientras pretenden ser cristianos en sus creencias y prácticas, dan más autoridad a otras escrituras que a la Biblia, enseñan doctrinas que contradicen la Biblia, y tienen creencias que nunca fueron enseñadas por Jesucristo. La mayoría de estas sectas se han originado en los últimos 200 años (la Ciencia Cristiana, los Testigos de Jehová, los Mormones, etc.), y estas sí representan una apostasía. 

Los mormones y los cristianos tienen en común importantes términos bíblicos, igual que muchos conceptos morales. Sin embargo, los puntos ya mencionados son algunos ejemplos de las múltiples diferencias fundamentales e irreconciliables entre el cristianismo bíblico y el mormonismo. Mientras que estas diferencias no prohiben que seamos amigos con los mormones, no podremos considerarlos hermanos en Cristo. La Biblia nos advierte que vendrán falsos profetas quienes predicarán "otro evangelio,"con "otro Jesús," testificado por "otro espíritu" (2 Corintios 11:4,13-15; Gálatas 1:6-9). La iglesia mormona dice que su Libro de Mormón es "Otro Testamento de Jesucristo." Creemos que en realidad es más bien, "Un Testamento de Otro Jesús," y que el mormonismo no es cristiano.
Se ha dicho que si uno pretendiera ser mormón pero al mismo tiempo:
        • Negara que José Smith fue profeta de Dios,
        • Negara que el Libro de Mormón es de Dios,
        • Negara creer que Dios una vez fué hombre y, con guardar todos los
          mandamientos de la iglesia mormona, se avanzó a la divinidad, y
        • Negara que la iglesia mormona fue establecida por Dios,
los demás Mormones rechazarían su afirmación de ser mormón. Uno no puede llamarse "mormón" si no cree las doctrinas fundamentales del mormonismo. De igual manera, si los Santos de los Últimos Días no creen las verdades bíblicas esenciales afirmadas por todos los demás cristianos, ¿cómo pueden esperar que sean aceptados como hermanos en Cristo? 

Los mormones creen que los demas cristianos siguen doctrinas apóstatas. ¿Porqué, entonces, querrán ser considerados parte del cristianismo? Hay tres posibilidades:
        • Para darse un sentido de bienestar en saber que son parte de una religión legítima.
        • Para tener la apariencia de una religión legítima, y así hacer mas fácil su obra misionera.
        • Porque creen que los mormones son los únicos verdaderos cristianos.

Si los mormones piensan que son los únicos verdaderos cristianos, no deberían pretender ser parte de la iglesia cristiana. En lugar de ello deberían proclamar a todo el mundo que los que dicen ser cristianos son nada más que apóstatas, y que los mormones son los únicos verdaderos cristianos. En realidad, esto es lo que enseñan en privado, pero no abiertamente. ¿Porqué, entonces, pretenden ser parte de lo que el mundo en general considera la iglesia cristiana, cuando bien saben que no lo son? Su motivación parece ser una combinación de las tres posibilidades ya mencionadas, especialmente la segunda, que es convertir más y más personas a la secta del mormonismo.

¿Existe realmente un infierno?

Se cuenta que C. S. Lewis estaba escuchando el sermón de un joven predicador sobre el tema del juicio de Dios del pecado. Al finalizar su mensaje, el joven dijo: "¡Si usted no recibe a Cristo como Salvador, sufrirá graves ramificaciones escatológicas!" Luego de la reunión, Lewis le preguntó, "¿Usted quiere decir que una persona que no cree en Cristo se irá al infierno?" "Precisamente," fue la respuesta. "Entonces, dígalo," contestó Lewis.{1}

Esta historia ilustra algo que la mayoría de los cristianos saben pero pocos expresan: que de todas las doctrinas de la fe cristiana, aquella con la que nos sentimos más incómodos para discutir es la doctrina del castigo eterno o infierno. Y no es difícil entender por qué es así. La doctrina del infierno es ofensiva para los incrédulos y contradice el énfasis en la tolerancia y en el potencial humano que domina nuestros tiempos. ¿Quién de nosotros disfruta de alienar a nuestros amigos hablando del juicio eterno por el pecado? Para muchos de nosotros la doctrina del infierno es difícil también de reconciliar con el amor y la gracia de Dios. Más aún, estamos bien conscientes de cristianos que han utilizado mal la doctrina del infierno, usándola para manipular y controlar a otras personas. Al tratar de distanciarnos del abuso de esta doctrina y para evitar aparecer como intolerantes y sin afecto, muchos de nosotros hemos eliminado la palabra "infierno" por completo de nuestro vocabulario (haciendo que nuestra creencia sea un asunto completamente personal).

Encuestas recientes han revelado algunos hechos muy interesantes acerca de las actitudes actuales acerca del infierno. Una encuesta hecha por George Gallup en 1990 reveló que apenas algo menos que el 60% de los norteamericanos cree que existe un infierno (un descenso de más de 10% desde 1978), aunque sólo un 4% cree que el infierno es su propio destino personal. Una encuesta hecha a mediados de la década del 80 a estudiantes evangélicos norteamericanos de escuelas secundarias y de seminarios reveló que sólo uno en diez creía que el primer paso para influenciar a los incrédulos debería ser advertirlos acerca del infierno. Un 46% de los estudiantes de seminarios creía que hacer énfasis entre los no creyentes que el juicio eterno sería la consecuencia de rechazar a Cristo era "de mal gusto." Una encuesta llevada a cabo en 1981 reveló que ¡el 50% de la población de las facultades teológicas cree en la existencia del infierno (61% de los Católicos Romanos y 34% de los Protestantes)!{2}

A pesar de las actitudes corrientes prevalecientes hacia el infierno que revelan estas encuestas, sin embargo todavía es aparente para la mayoría de los cristianos que la doctrina del infierno está firmemente asentada en la enseñanza de las Escrituras. Todas menos una de las cartas de Pablo mencionan la ira o el juicio de Dios sobre el pecado. Y de los doce usos de la palabra gehenna (la palabra más fuerte para el infierno) en el Nuevo Testamento, ¡once provienen de los labios de Jesús mismo! De hecho, ¡el Salvador enseñó más sobre el infierno que lo que enseñó sobre el cielo! De los más de 1850 versículos que registran las palabras de Cristo, 13% corresponden a los temas del juicio y del infierno. De las 40 o más parábolas pronunciadas por Jesús, más de la mitad están relacionadas con el juicio eterno del pecado. ¡Sorprendentemente, el tan bienamado "Sermón del Monte" contiene algunas de las palabras más directas de Jesús acerca del infierno!

¿Qué Enseña la Biblia Acerca del Infierno?

En su libro titulado simplemente "Inferno," Dante Alighieri describe con gran detalle su recorrido imaginario por los nueve niveles del infierno. El libro de Dante es una lectura fascinante. Pero para aprender cómo es el infierno realmente, debemos dirigirnos a otra fuente: la Biblia.
Cuando comenzamos a leer el Antiguo Testamento, encontramos referencias frecuentes al "Seol" (el mundo de los espíritus que han partido) como la morada de todos los muertos (cf. Deuteronomio 32:22). A medida que seguimos leyendo, también encontramos que vendrá un día cuando los cuerpos de todos los que están en el Seol serán resucitados: algunos, a la "vida eterna", pero otros, para vergüenza y confusión perpetua" (Daniel 12:2).
La creencia común de los rabinos piadosos durante al era intertestamentaria de que el Seol estaba dividido en dos secciones está reflejada en el Nuevo Testamento, que se refiere a la morada de los justos como el "paraíso" (Lucas 23:43) o "el seno de Abraham" (Lucas 16:22), y la morada de los injustos como el "Hades" (Lucas 16:23). Después de la resurrección de Cristo, parece ser que aquellos que vivían en el paraíso fueron conducidos a la presencia de Dios en el cielo donde esperan la futura resurrección de sus cuerpos. Pero aquellos que están en el Hades esperan la resurrección a un destino diferente: el infierno.
La palabra que se usa más frecuentemente en el Nuevo Testamento para el infierno es Gehenna. Gehenna es una referencia al Valle de Hinom ubicado en el lado sur de Jerusalén, que servía como el "basurero" de la ciudad en el tiempo de Jesús. Los fuegos en este lugar nunca se apagaban.

Al igual que sus contemporáneos, Jesús se refirió al Gehenna como el lugar donde "el fuego nunca se apaga" y donde "el gusano de ellos no muere" (Marcos 9:48). Si quería implicar un fuego literal y un gusano literal no tiene mayor importancia. Jesús también describió al infierno como un lugar de "tinieblas de afuera" (Mateo 22:13). ¡Pero está claro que Él quería que entendiéramos que el infierno es un lugar de deterioro y sufrimiento continuos para aquello que lo habitan! Jesús también se refirió a aquellos que eran arrojados al infierno como "echados afuera" (Mateo 8:12) o, como lo expresa Pablo sencillamente, "excluidos de la presencia del Señor" (2 Tesalonicenses 1:9). El infierno es un lugar de exclusión y de pérdida de toda bendición que proviene de Dios. El infierno se describe como un lugar de "vergüenza" por el profeta Daniel (Daniel 12:2), donde cada persona es aborrecida por cada otro habitante. Como lo ha expresado un escritor: "Los pecadores en el infierno tendrán compañía pero no simpatía"{3}
Jesús dijo que el infierno será un lugar de "lloro y crujir de dientes" (Mateo 13:42). El lloro sin duda habla de un remordimiento y pena terribles. Pero el crujir de dientes habla de una ira intensa; ira contra uno mismo, ira contra Satanás, ira contra Dios. Pablo habla de los habitantes del infierno como experimentando "ira y enojo... tribulación y angustia" (Romanos 2:8-9).
La Biblia también nos dice que en el infierno no todos serán juzgados de la misma forma. Jesús dejó en claro que habrá grados de juicio en el infierno. Dijo que "aquél siervo que conociendo la voluntad de su Señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco" (Lucas 12:47-48). Pero si bien no todos serán juzgados de la misma forma, todos serán juzgados con seguridad. Éxodo 34:7 nos dice que el Señor "guarda misericordia a millares... y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado."

¿Por Qué un Dios Amante Enviaría a la Gente al Infierno?

¿Enseña la Biblia que el infierno es un lugar de castigo consciente por el pecado? Una propuesta alternativa es que a muchos (si no a todos) les será dada una segunda oportunidad después de la muerte para responder a la gracia de Dios. Se suele hacer apelación a la afirmación en la primera carta de Pedro de que "ha sido predicado el evangelio a los muertos" (1 Pedro 4:6). William Barclay dice que en este pasaje encontramos un "atisbo de nada menos que el evangelio de la segunda oportunidad" (Comentario sobre las Epístolas de Pedro). Sin embargo, el contexto es claro en que ¡está hablando a aquellos a quienes el evangelio fue predicado en vida pero que ahora han muerto! No hay ninguna indicación para nada de que existe una oportunidad "post-mortem" de arrepentirse.
En Juan 8, Jesús dice que para aquellos que "mueren en sus pecados" no hay ninguna posibilidad de reunirse con Él en el cielo (Juan 8:21, 24). Al contrastar la expectativa del creyente de ser reunido con sus seres queridos en el cielo, dice que los incrédulos "no tienen (tal) esperanza" (1 Tesalonicenses 4:13). Estas declaraciones son difíciles de reconciliar con la creencia de que a los fallecidos se les ofrece una segunda oportunidad después de la muerte. Hebreos 9:27 dice que "está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio."
Otra propuesta, que está consiguiendo una aceptación cada vez mayor hoy, es que a los incrédulos simplemente se les hará desaparecer de la existencia o serán "aniquilados." Se busca a menudo apoyo para esta creencia en declaraciones en las Escrituras que describen a los pecadores como "pereciendo" o siendo "destruidos." El salmista dice, "así perecerán los impíos delante de Dios" (Salmos 68:2). La misma palabra, sin embargo, es utilizada en Isaías 57:1 para referirse a los justos: "Perece el justo, y no hay quien piense en ello." Está claro en el último caso que la palabra implica "sufrimiento severo." No podría de ninguna forma significar que los justos son "aniquilados." No hay, por lo tanto, ninguna razón para creer que lo contrario es el caso cuando la palabra es utilizada para describir el destino de los pecadores. "Perecer" o ser "destruido" significa "sufrir la ruina," no ser "aniquilado."

¡Que la Biblia enseña el castigo consciente eterno en el infierno, es la única deducción posible que puede alcanzarse del hecho de que las palabras más enfáticas disponibles para los escritores bíblicos fueron usadas en forma consistente para describir la duración del infierno, así como para describir la duración del cielo y hasta la existencia eterna de Dios! Así como Jesús describió el destino de los justos como "vida eterna," también Él describió el destino de los injustos como "castigo eterno" (Mateo 25:46). Así como Juan describió a Dios como el que "vive por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 15:7), también describió el fuego del infierno como durando "por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 14:11).
A veces se dice que la palabra griega para eterno (aionios) en realidad significa "durando una era", implicando que al final de una serie de eras Dios vaciará al infierno de todos sus habitantes. Aquellos que sostienen esta interpretación, sin embargo, dejan de recordar que si bien esta era es finita en duración, ¡era una idea común entre los oyentes de Jesús que la "era venidera" sería eterna!
Con relación al destino de Judas, Jesús dijo: "Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido" (Mateo 26:24). Si realmente fuera un destino tan terrible como sugieren estas palabras, y si es eterna su duración, ¿por qué enviaría un Dios amoroso a la gente al infierno? Si Dios es un Dios de amor, ¿por qué consignaría Él a alguien a una eternidad tan terrible como el destino que describe la Biblia para aquellos cuyo fin es el infierno?
Tal vez la doctrina bíblica del infierno puede comenzar a cobrar sentido para nosotros cuando reexaminemos nuestra comprensión de otras dos enseñanzas de las Escrituras: la naturaleza de Dios, y la naturaleza del hombre y del pecado.

Una de las revelaciones asombrosas de las Escrituras es que Dios es un Dios de amor y gracia infinitos. ¿Quién de nosotros no se siente refrescado cuando leemos las palabras del salmista: "Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad" (Salmos 86:15)? Sin embargo, ¡es el mismo Dios quien también es descrito como Aquél que "de ningún modo tendrá por inocente al malvado" (Éxodo 34:7)! El Dios que ama al pecador es también el Dios "muy limpio de ojos para ver el mal" y quien "no puede ver el agravio" (Habacuc 1:13). El salmista lo cita a Dios en un punto cuando dice, "Pensabas que de cierto sería yo como tú" (Salmos 50:21). Pero necesitamos darnos cuenta que, así como el amor de Dios está mucho más allá del nuestro, ¡así también la pureza de su santidad excede todas nuestras concepciones! Cuando a Isaías se le concedió una visión del Señor en su trono, ¡fue sacudido por su impresión de Su santidad (Isaías 6:3)! Por cierto, Dios es un Dios de amor indescriptible, ¡pero Él es tanto o más un Dios de santidad y justicia absolutas! Cuando obtenemos una visión de la santidad de Dios tal como está retratada en la Biblia, comenzamos a entender la razonabilidad de la doctrina del infierno.
También recibimos ayuda si permitimos que las Escrituras nos informen más plenamente en nuestra comprensión de la naturaleza del hombre y del pecado. El énfasis en nuestra generación en el valor y la dignidad de la persona humana han sido una corrección bienvenida en contra del sobreénfasis anterior en la depravidad del hombre. Pero, sin embargo, es fácil para nosotros perder de vista el hecho de que si somos por cierto creados a la imagen de Dios, y somos de un valor muy especial en sus ojos, no obstante estamos también profunda e indeleblemente manchados por el pecado en cada área de nuestro ser. El Dios que conoce cada pensamiento y motivación de cada corazón humano dijo que "engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" (Jeremías 17:9). ¡Jesús mismo dijo que "de dentro, del corazón de los hombres, salen (todo tipo de maldades)" por los que somos contaminados (Marcos 7:21-23)!
Cuando Esdras se enteró de la desobediencia de la gente de Israel al casarse con incrédulos, dijo, "rasgué mi vestido y mi manto,... y me senté angustiado en extremo" (Esdras 9:3). Cuando el Apóstol Pablo vio la ciudad de Atenas llena de ídolos, "¡su espíritu se enardecía (Hechos 17:16)!" ¿Es posible que hemos perdido algo del sentido de la seriedad del pecado que parecía tomar el corazón de estos dos hombres?
Algunos han objetado que mientras que el pecado es por cierto digno del castigo, un pecado "finito" difícilmente merezca un castigo "infinito" en el infierno. Pero que nuestra rebelión contra Dios deba considerarse "finita" en su naturaleza no está del todo claro.
Cuando consideramos que Aquél contra quien nos hemos rebelado es Aquél que nos dio la vida, quien es la fuente de cada cosa buena que conocemos en la vida, y que ha extendido su amor al dar a Su Hijo como pago por nuestro pecado, ¿cómo podemos medir de alguna forma la gravedad de nuestro pecado o el castigo que merece? Cuando consideramos también que no hay ninguna indicación de que aquellos que estén en el infierno alguna vez experimentarán un "cambio de corazón" en su actitud ante Dios, sino que de hecho probablemente se volverá cada vez peor, tal vez podamos ver que el juicio de Dios es completamente justo.

La Doctrina del Infierno: ¿Qué Diferencia Hace?

Queremos enfocarnos en tres áreas de la vida que deberían ser impactadas por nuestra comprensión de la doctrina bíblica del infierno.
La primera es nuestra actitud ante el pecado... particularmente el nuestro. Unos años atrás, Dr. Karl Menninger escribió un libro titulado Whatever Happened to Sin? (¿Qué Ocurrió con el Pecado?) En él, él desafiaba la noción popular de que todos nuestros pensamientos y acciones pueden ser explicados por factores que están más allá de nuestro control personal, y que raramente somos responsables por nuestra propia conducta. Por cierto, hay factores "atenuantes" en la mayoría de nuestras vidas que influyen en nuestro carácter y conducta, en mayor o menor grado. Y Dios no desconoce estas cosas. "Él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo" (Salmos 103:14). Él sabe asimismo que nacemos con una naturaleza pecaminosa que está más allá de la voluntad humana de vencer (cf. Romanos 7:14-25). Pero Él también sabe que la elección es nuestra, si aprobamos o toleramos el fruto de nuestra naturaleza pecaminosa, o si nos volvemos a Él en busca de gracia para mantener a raya los impulsos pecaminosos, y para aprender a seguir su voluntad. C. S. Lewis dijo que hay dos tipos de personas en el mundo: aquellas que le dicen a Dios, "Tu voluntad sea hecha," y aquellas a quienes Dios les dice, "Tu voluntad sea hecha." La elección es nuestra en cuanto a qué tipo de persona seremos.
Cuando nos damos cuenta que somos responsables por lo que elegimos hacer con nuestro pecado, y que es más que simplemente un acto que tiene como resultado consecuencias desagradables para nosotros sino que es también una disposición de rebelión hacia Dios que requiere su juicio santo, ¡no podemos evitar volvernos más sensibles a la presencia del pecado en nuestras vidas!
¡El segundo resultado de una comprensión bíblica del infierno es una apreciación mucho mayor de la gracia y la salvación que hemos recibido de Dios! Nuestra apreciación por el valor inmenso de su regalo crece muchísimo cuando comprendemos plenamente la naturaleza de aquello de lo que hemos sido librados. ¡Nuestra percepción de lo sobrecogedor de la salvación está determinada en gran medida por nuestra percepción de los horrendo del infierno!
Finalmente, una comprensión bíblica del infierno debería movernos a incluir en nuestra proclamación del evangelio una clara advertencia acerca de la consecuencia de no responder. Necesitamos ser más directos que el predicador de quien se dice que Charles Spurgeon dijo, "Si usted no ama al Señor Jesucristo, será enviado al lugar que no es de buena educación mencionar."{4} C. S. Lewis una vez dijo: "Si el cristianismo sólo significa un poco más de buenos consejos, entonces el cristianismo no tiene ninguna importancia. No ha habido ninguna falta de buenos consejos en los últimos cuatro mil años. Un poco más no hará ninguna diferencia."{5} Si hay realmente un infierno, ¡entonces el cristianismo es mucho más un poco más de buenos consejos!
En su libro, Our Guilty Silence (Nuestro Silencio Culpable), John Stott cuenta cómo los misioneros jesuitas en China, no queriendo ofender la sensibilidad de los chinos, excluyeron la cruz de Cristo y otros detalles de su mensaje. Citando a Hugh Trevor-Roper, Stott dice, "No sabemos que hayan logrado muchos convertidos duraderos a través del residuo inobjetable de la historia."{6}
Sin duda la doctrina del infierno ha sido a veces abusada. Pero, como bien lo expresa un escritor: "Que su mal uso no resulte en su no uso" en nuestros esfuerzos por conducir a la gente a Cristo. 
 

Notas

{1} Larry Dixon, The Other Side of the Good News (El Otro Lado de las Buenas Nuevas), Wheaton: Victor Books, 1992. p. 13
{2} Dixon, pp. 10-13; Jerry L. Walls, Hell: The Logic of Damnation (El Infierno:La Lógica de la Condenación). South Bend: University of Notre Dame Press, 1992, pp.2-3.
{3} John Blanchard, Whatever Happened to Hell? (¿Qué Ocurrió con el Infierno?) Darlington, England: Evangelical Press, 1992, p. 146.
{4} Citado en Ajith Fernando, Crucial Questions About Hell (Preguntas Cruciales Acerca del Infierno). Wheaton: Crossway Books, 1991, p. 171.
{5} C.S. Lewis, Mere Christianity (Cristianismo Básico). New York: Macmillan Press, 1960, p. 133)
{6} John Stott, Our Guilty Silence (Nuestro Silencio Culpable). London: Hodder & Stoughton, nd, p. 45.


Fuente: Ministerios Probe -  ministeriosprobe.org  -  por Rick Rood